Qué es el vibe coding y por qué funciona
El vibe coding consiste en crear webs y apps hablando con una IA: describes el producto con palabras, el modelo escribe el código, tú miras el resultado y pides cambios. En esta lección: cómo funciona el proceso, qué herramientas elegir y qué puedes construir de verdad sin experiencia.
Hasta hace nada, entre «tengo una idea» y «tengo una web» había meses de aprender a programar. Ahora hay una conversación.
Cómo es el proceso
- Lo describes: «Hazme una landing para un estudio de yoga: horarios, precios, formulario de reserva, colores cálidos y tranquilos».
- La IA lo construye: un minuto después tienes una página funcionando; no una imagen, una web de verdad.
- Vas puliendo: «Sube el formulario, añade un bloque de opiniones». Y así hasta que quede.
El código sigue ahí. Lo que pasa es que lo escribe la IA, mientras tú haces de cliente y de jefe de proyecto.
Tus herramientas
- Lovable — describes el producto y te devuelve una app con base de datos y registro de usuarios. La entrada más amable: aquí montaremos los primeros proyectos.
- Replit — un agente de IA escribe el código y lo ejecuta en la nube al momento. Para lo más enrevesado.
- ChatGPT / Claude — páginas y juegos generados en el propio chat. Van bien para probar cosas rápido.
Qué puedes construir de verdad (miles de principiantes ya lo han hecho)
Una landing, en una tarde. Un juego para navegador, en un fin de semana. Una app con formularios y base de datos, tras una semana o dos de práctica. Un producto que cobra, cuando ya lleves un par de proyectos a la espalda.
De dónde sale la expresión
El término «vibe coding» lo acuñó Andrej Karpathy, cofundador de OpenAI y ex director de IA en Tesla. En febrero de 2025 publicó una nota breve: hay una forma nueva de programar, escribió, en la que «te dejas llevar del todo por el vibe y te olvidas de que el código existe», y simplemente hablas con el modelo. La frase corrió en días: en la primavera de 2025 ya estaba en camisetas, y la redacción de Merriam-Webster metió «vibe coding» en su lista de palabras a vigilar. En medio año, la broma de un ingeniero se convirtió en la manera en que miles de personas sin carrera de informática sacan productos que funcionan.
Un ejemplo real: Pieter Levels y su simulador de vuelo
El 22 de febrero de 2025, el emprendedor Pieter Levels (@levelsio en la red) escribió una sola petición en Cursor: haz un juego 3D de volar en el navegador. Nunca había hecho un juego. Unas tres horas después existía una versión jugable. La subió como fly.pieter.com y siguió puliéndola en directo.
Y entonces se le fue de las manos: Elon Musk lo retuiteó, entraron miles de personas y 17 días después aquello facturaba un millón de dólares al año. Una persona, sin equipo, sin una línea de código escrita a mano.
No cuentes con ese final: es una rareza y detrás hay diez años de reputación suya en la red. Lo que importa es lo otro: ir de «quiero un juego» a un juego que funciona le costó una tarde. Un año antes, eso eran un equipo y medio año.
2025 se llenó de historias así: periodistas y aficionados competían por montar apps en una sola tarde y colgaban los vídeos. Uno se hizo un registro de hábitos para él y su mujer en un fin de semana. Otro, un generador de cartas para una cafetería pequeña. Otro, un plataformas al que su hijo de ocho años jugaba de verdad. Ninguno tecleó una línea de código a mano. Todos tenían algo en común: sabían exactamente para quién era el producto y por qué; el «cómo» se lo dejaron a la máquina.
Mitos habituales
- «Esto no es serio, los productos de verdad no se hacen así». Sí que se hacen. Hay startups que ya sacan sus primeras versiones con estas herramientas, se las enseñan a inversores y a los primeros clientes, y solo las rehacen «como Dios manda» cuando la escala les obliga.
- «La IA se equivocará y yo no me daré cuenta». Sí te darás: estás mirando el resultado vivo, no el código. El botón no responde, el formulario no envía, el texto está descuadrado. Lo compruebas con los ojos, como cualquier usuario.
- «Primero aprende a programar y luego ya harás vibe coding». Va justo al revés. Mucha gente entiende por fin qué es una base de datos o un registro de usuarios montando un proyecto: un ejemplo vivo gana a la teoría seca.
Pausa socrática
si el código lo escribe la IA, ¿cuál es exactamente tu trabajo y por qué te paga un cliente a ti? La respuesta está en el párrafo siguiente, pero pon antes la tuya en palabras.
El gran cambio de chip
Tu valor no está en escribir código, sino en tener claro qué estás haciendo: quién es el usuario, qué tiene que poder hacer, qué aspecto debe tener. Ese es el músculo que entrena todo el curso; del código que se encargue la máquina. Por eso no empezamos por las herramientas, sino por el briefing: una descripción corta del producto que aprenderás a escribir para que la IA acierte a la primera. Es la lección siguiente y te ahorra decenas de correcciones.
Por qué toca aprender esto ahora
Hay una frase que conviene recordar: la IA no te va a sustituir; te sustituirá alguien que sepa manejarla. Explicarle una tarea a una máquina y llevar el resultado hasta un producto terminado pasó de exótico a básico en 2026, más o menos como pasó en su día con las hojas de cálculo. Las empresas cada vez buscan menos «un programador» o «un diseñador»: quieren a alguien que lleve una idea hasta una web o una app que funcione, por su cuenta.
Y lo mejor: nunca ha costado tan poco entrar. En un par de años sabrá hacerlo media oficina; apréndelo ahora, mientras todavía te da ventaja. Más adelante en el curso montarás un producto de verdad con tus propias manos. O mejor dicho, con tus propias palabras.
Short questions on the lesson — with an explanation for every answer.